Soy hombre y no puedo llevar kimono

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Ni kimonos ni sudaderas, pantalones, camisetas, camisas, abrigos o chaquetas que estén perchadas bajo un letrero que ponga “Mujer”. Solamente porque alguien ha decidido que esas prendas poseen unas cualidades, a su parecer, diferentes y que yo, siendo hombre, no puedo adquirirlas. 

Que, a ver, poder puedo. Porque querer es poder y nosotros queremos mucho. Pero esa ley no escrita de que lo que hay tras la sección “Mujer” no-debe-ser-adquirido por hombres, y viceversa, existe. No sabemos por qué, pero hasta que no despiertan en nosotros el concepto genderless en la moda nos sentimos hasta ridículos rebuscando entre las perchas de la que “no es nuestra ropa”. 

El hombre y el kimono

Esta prenda, en concreto, durante la última temporada ha sido tendencia y la hemos visto en multitud de escaparates y catálogos. Sin embargo, su historia va mucho más allá. 

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Como todos sabemos, el kimono es el vestido tradicional de la cultura japonesa, usado por hombres, mujeres y niños hasta principios del siglo XX. Si bien los hombres también utilizaban esta prenda, las sociedades no dejan de ser menos patriarcales porque se encuentren a miles de kilómetros de distancia. Es decir, el corte, el color, la tela y las decoraciones de los kimonos cambiaban en función del sexo biológico, edad, estado civil, época del año y ocasión. 

Del mismo modo, alguien había restringido telas, colores y formas en función del sexo biológico de las personas basándose en parámetros machistas y discriminatorios. 

Pero, lo curioso y sorprende de la historia entre el hombre y el kimono es que, mientras en culturas como la japonesa se incluía el uso de este “vestido” en hombres, en países occidentales a día de hoy el kimono o las prendas inspiradas en el kimono se siguen reservando única y exclusivamente para mujeres. 

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Lo que nos gustaría subrayar de este ejemplo es cómo existen algunas sociedades que han dotado a determinadas prendas (el kimono, en este caso) de “aptas” para mujeres y hombres, mientras que otras sociedades como las occidentales han decidido que esta prenda solo sea para mujer.

Y no justificamos a la sociedad japonesa de haber “permitido” vestir al hombre con kimono, puesto que igualmente por ser hombre no puede acceder a determinados estampados, decoraciones o formas. Pero es curioso como es la propia sociedad la que establece quién viste qué y cómo debe hacerlo, restringiendo o permitiendo determinadas prendas según en qué punto del mundo nos encontremos. 

Queremos y podemos

Visto todo esto y conociéndonos, no íbamos a tardar en caer en las garras del kimono, una prenda que nos parece que da un toque muy elegante a cualquier outfit, haciéndolo diferente y dándole movimiento gracias al vuelo de sus mangas. 

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Nosotros nos hemos probado varios kimonos en los últimos meses pero el que nos cautivó fue el kimono que ilustra esta artículo, negro y blanco con divertidos monos de colores estampandos y detalles de borlas en las mangas. (¡Oh, sí, muchas borlas!)

Con él no somos geishas ni masajistas tailandesas, somos hombres sintiéndonos hombres llevando una prenda de vestir que no tiene género ni sexo porque es un trozo de tela con forma que nos gusta y nos hace sentir bien a la hora de expresar nuestra identidad. 

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