Despedazando San Valentín

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San Valentín es un topicazo, de eso no hay duda. Es un invento comercial, igual que el Día del Padre o el Blue Monday. ¿Acaso no se es padre todos los días del año? ¿Y no hay muchos lunes deprimentes después de un fin de semana intenso? 

Pues con el amor, igual. Transformar un sentimiento en un descuento no es nada nuevo. Pero de eso no vamos a hablar, es un tema muy trillado que todos (o la inmensa mayoría de nosotros) entendemos. 

Hoy buscamos despedazar San Valentín. Desmenuzar su significado, lo que entendemos nosotros por este día mediante una crítica de nuestra propia experiencia. Y no hay que irse muy lejos, cada año surge el mismo debate en torno al “Día de los Enamorados”. Que si a mi no hace falta que me regalen flores, que si yo le demuestro que le quiero todos los días, que  si es una tontería… Vale, estamos de acuerdo. Pero aprovechar el triste 10% que te regala ese restaurante mexicano por San Valentín o coger el 2×1 en las entradas del cine… ¡Chic@, que te la están colando! 

Y es que ponerse políticamente correcto es muy fácil. Pero entender la realidad en la que vivimos es diferente. Y, ojo, no hay nada malo en ello. Pero eso sí, la pugna comercial de las marcas para este día (y para tantos otros muchos a lo largo del año) puede hacer que, consciente o inconscientemente, acabes adquiriendo un producto que realmente no necesitas pero que meten tanto por los ojos que acabas cayendo. 

Nosotros lo vemos así. De hecho, actuar en consecuencia de tus opiniones bajo una perspectiva crítica es lícito. Lo erróneo es caer en los topicazos sin si quiera plantearse su realidad. 

San Valentín sigue siendo muy heteronormativo.

Pese a que cada vez vemos más anuncios/promociones/historias basadas en la diversidad, lo cierto es que la Publicidad va, muy pero que muy despacio, avanzando en este concepto. 

Aún son pocas y tímidas las newsletters, por ejemplo, que recibimos y que, sin tapujos, aluden a parejas diversas. Y lo mismo ocurre con las cuñas en la radio o con los anuncios en televisión. Sí es cierto que los roles sexo-género sobre quién regala a qué a quién se diluyen. Pero dudamos de que sea fruto de una aceptación de la diversidad sexual y amorosa. Sino que más bien sea una evolución tecnológica de la sociedad y del ecommerce. 

El caso es que, salvo que busques determinadas marcas muy concretas o hagas un análisis de audiencia muy específico, el resto de promociones para San Valentín se basan en una arcaica historia donde chico regala X a chica o chica sorprende con Y a chico. Y cuando no es por este reflejo de la sociedad es por cuestiones puramente comerciales pues sabemos que lo LGBTI+ vende. Y vende muy bien. 

Estigmas comerciales aparte, San Valentín, al menos en la generación millennial está perdiendo fuelle. Y eso se ve en la cantidad de marcas que se suman a la iniciativa. Ya no te hacen ofertas en chocolates, perfumes o flores. Ahora te plantan un banner hasta de escobillas de water. Porque, oye, “díselo con higiene”. 

Nuestra idea de San Valentín

Para nosotros, San Valentín, evientemente no es un día al año en el que nos queramos más. Ni en el que nos tengamos que regalar nada (pese a que nos gusten mucho los regalos). Entendemos este día como un fenómeno social que nos involucra por nuestros trabajos actuales pero que no nos hace partícipes a nivel interno. 

Pero, entendiendo lo que significa este día a todos lo niveles y siendo críticos con ello, lo aceptamos como una “excusa” para, simplemente, salir a cenar y conocer nuevas gastronomías. Que podemos hacerlo otros días en el año. Sí. Que nos da pereza hacerlo otros días al año. Pues también. 

Por ejemplo, el año pasado aprovechamos la ocasión para ir a un restaurante italiano de verdad. Ahorramos un tiempo para poder permitirnos una cena exquisita en un ambiente muy acogedor y bonito. Y para probar pasta de verdad. 

Y este año quisimos deleitarnos con la cocina japonesa. El sushi lo comemos muchas veces en el año, ¿pero cuándo tienes la oportunidad de probar sushi de verdad? Por eso, nos gusta aprovechar este día para salir a cenar, como si fuera un día más, pero dándole un toque diferente y haciendo que la cena se convierta en algo diferente. Que nos aporte algo nuevo. 

Y es que, hemos estado cada uno por nuestro lado más de 20 años sin “celebrar” San Valentín. Y entonces crecimos aprendiendo que de hacer algo diferente este día los protagonistas realmente no eran las parejas, sino el amor. La familia y los amigos, que son el motor del día a día y algo a lo que le damos bastante importancia. Celebrar este día debería ser reunirse con la/s persona/s que nos hacen felices, nos aportan ideas y perspectivas nuevas ante la vida y nos hacen pasar un día diferente al resto del año. Porque ahí radica la verdadera importancia de celebrar por celebrar un día. En que lo recuerdes durante todo el año y no esperes todo un año para decir te quiero un solo día. 

Si te ha gustado no dudes en compartirlo 🙂

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